Viajaba con la cabeza apoyada en la ventana, mirando el paisaje pasar cuando un sonido armonioso atravesó mis audífonos y mi música que por extraña pero grata coincidencia en ese momento lo permitió.
Al escuchar dicho sonido pensé: ¡La armónica debe ser el instrumento más envidiado! Los que no logran tal armonía en su sonar envidiarán su agradable tono, los que comparten esa gran cualidad se preguntarán ¿Por qué a pesar de mi voz sólo me llamo piano, acordeón, gaita?. Nunca me había detenido en ello, menuda suerte la de la armónica, además de tener una gran virtud, todo el mundo se la reconoce.
Terminé con mi fascinación por ese objeto y me quedé en el sujeto, pase a observar al intérprete, busqué una posición mas cómoda para contemplarlo y disfruté durante todo un viaje, de su talento, de su música, hasta que en un momento y sin previo aviso, detuvo su deleite (y el mío) y se levantó. Mecánicamente me prepare para sacar la billetera y dar un par de monedas de esas que no se sienten, pero el viejito simplemente tomó una pesada mochila, con gran esfuerzo la puso sobre su espalda, se afirmo bien de sus muletas y lentamente pero con una gran sonrisa se dirigió hacia la puerta del tren.
Después de ver esta imagen con asombro pensé: ¡Debe ser otro viejo loco de esos que tantos hay! ¿Por qué tocar todo un viaje si aparentemente nadie te escucha y sin ningún objetivo? ¿Por qué llevar una gran carga si con esas muletas ya es suficiente como para tardar una eternidad en llegar a cualquier parte?.
Mis respuestas no estaban en la locura del viejo, sino en mi, ese abuelito me explicó que nunca, ni a los 80 ni a los 20 debemos dejar de hace lo que queremos, sin importar lo raro, tonto o inapropiado que se vea y, a pesar de que tardemos, con "unas alas" como las que él tenía, no habrán muletas ni cargas que nos detengan
PS: Intenté tocar armónica...no siempre es armoniosa
PS2: No hacen falta alas. Silvio Rodriguez